lunes, 17 de junio de 2013

La noche de los templarios simiescos


"Cuenta la leyenda que, hace casi 3.000 años, una civilización de simios superinteligentes luchó con el hombre por el control del planeta. Al final, fueron derrotados por los hombres en una brutal batalla, que acabó destruyendo a los simios, su cultura y su sociedad. Después de la batalla, los hombres torturaron y asesinaron a todos los prisioneros simios, atravesándoles los ojos con un hierro al rojo vivo. Uno de los prisioneros, que también era el líder de los simios, juró que regresarían de entre los muertos para cobrar venganza de la brutalidad de los hombres, antes de que éstos destruyesen la propia Tierra. Ese momento ha llegado.”



El cine de explotación siempre se ha nutrido de todo tipo de herramientas para atraer al incauto espectador. El uso pionero de la violencia, el sexo o demás temáticas tabú fue una de ellas (abriendo el camino para los grandes estudios, siempre a la zaga en cuestiones de moralidad, pero más que dispuestos a subirse a las nuevas vías de éxito comercial). Otra táctica habitual era el estreno de películas a rebufo de los grandes blockbusters, con una temática similar y grandes dosis de descaro. Y otra era el remontaje y/o alteración de títulos foráneos para su exhibición en los circuitos secundarios o en zonas del EE.UU. de paladar menos exigente. Y, a veces, incluso se combinaban varias herramientas similares.


Éste fue el caso del estreno norteamericano de “La noche del terror ciego”, una especie de combinación de la leyenda “El monte de las ánimas” de Gustavo Adolfo Bécquer con “La noche de los muertos vivientes” de George A. Romero, que daría origen a la tetralogía templaria de los jinetes sin ojos del inefable realizador gallego Amando de Ossorio. El éxito de “El planeta de los simios” (y de sus secuelas, nunca mejor dicho) propició que algún avispado distribuidor decidiera renombrar la película de Ossorio como “Revenge from Planet Ape” (“Venganza del planeta simio”), y con la alteración de apenas un par de detalles, intentase colarla como una continuación del film de Franklin J. Schaffner. Así, se incluyó una voz en off inicial que pretendía justificar el origen simio de los jinetes templarios (en base a un supuesto parecido con las criaturas creadas por John Chambers), se modificó convenientemente el cartel para acentuar tal semejanza, y se suprimieron las escenas más picantes y, lógicamente, las que explican el origen templario de los muertos sin ojos, así como la ceremonia de sacrificio.




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